Guadalfeo
Cultural                                      
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Los últimos días del 2008 nos dejaron un especial acontecimiento cultural:

Presentación de un Libro Objeto poco común

 

 

Motril: oculto
manatial de letras

 

 

"El Paisaje de la Imaginación Música para una despedida"

 

 

 

José BAENA (pintor)

 

 

 

Diego Rodríguez Maldonado

 

 

 

IES Frco. Javier de Burgos

CRÓNICA DE UN  ANIVERSARIO

 

 

 

Francisco Herrera González Acuarelista

 

 

 

Carmela Rodríguez Torres

 

 

 

Ana Galindo

Ana Galindo

Ana Galindo llegó al Centro de Educación de Adultos de Motril, con su melena rubia platino y sus ojos azules como el cielo y el mar de nuestra tierra, para afincarse definitivamente en ella. A pesarde su mirada inteligente, escudriñadora e inquieta, y a pesar de su inquietud profesional experimentando constantemente nuevas técnicas artesanales con sus alumnos, nunca llegué a imaginar sus habilidades artísticas como dibujante y pintora. Fue en un curso de formación para el magisterio, cuando al verla dibujar una figura humana con trazos rápidos y seguros, le pregunté... : -"¿Pero tu sabes dibujar? ..., ¡pues no lo sabía!".  Y ella me respondió con su típica locución dulce y firme al mismo tiempo...: -"¡Claro! Hay muchas más cosas que no sabes de mí ". 

Y así surgió un interés y una curiosidad por todas las habilidades artísticas de aquella maestra de adultos que ponía todo su arte al servicio de sus alumnos. 

Ana es una artistas polifacética que siempre ha estado interesada en experimentar con materiales plásticos. Todo tipo de recursos le abrían un mundo nuevo de posibilidades creativas y un espacio de investigación.

Su formación ha tenido una base académica, aunque su mayor fundamentación técnica está en la experiencia, como autodidacta y como enseñante.

En sus principios su principal interés se centraba en el volumen y el relieve, por lo que trabajó con arcillas y pastas modelables, para más tarde aproximarse a la cerámica. Ésta le permitió moverse en un mundo lleno de posibilidades, ya fuere dentro de la escultura cerámica, en la cerámica artística o en el mural cerámico. Nunca se cansa de experimentar.

Actualmente, su talento artístico se enfoca casi exclusivamente hacia la pintura, con temáticas muy variadas. Sus ojos, su mente y sus pinceles, se ven atraídos por innumerables escenas cotidianas o por originales recreaciones de personajes.

Pero lo que más le atrae y despierta su inspiración es el JUEGO CON EL COLOR: rojos, naranjas, azules intensos, verdes, violetas atrevidos....

Se diría, que la luz del Sur la tiene impresa en sus retinas.

 

 

 

 

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Carmela Rodríguez Torres

En las décadas de los 50 y de los 60 protagonizó 
más de cien obras de teatro en Motril

Yo era un niño, aún, que vivía en la Placeta de la Iglesia del Varadero, y todos los días, a sus horas en punto, mañana y tarde, veía entrar y salir de las oficinas de la Cofradía de Pescadores, a una señora de aspecto muy serio y formal, que asía con firmeza un maletín negro. Su nombre…, doña Carmela. Un buen día… O mejor dicho, una buena tarde-noche de “Feria de Ganao”, fui con toda mi familia a ver una obra de teatro, en un “tinglao” montado, como resultaría habitual,  en la motrileña Plaza de las Dominicas. El título de la obra me pareció muy dulce: “Melocotón en Almíbar”. Pero el espectáculo fue para “chuparse los dedos”. Yo había visto, con ojos de asombro, muchos espectáculos teatrales llevados a mi barrio por aquellas compañías ambulantes, que arribaban a los pueblos con un repertorio profesional. Pero aquella obra estaba montada e interpretada por gentes de mi pueblo, gentes que cada día tenían que acudir a su trabajo, sin maletín o con maletín, como doña Carmela, y que ahora estaban allí frente a nosotros, actuando. Porque si, efectivamente, ¡era doña Carmela! La protagonista, la actriz cómica que hacía “destornillarse” de risa a los espectadores, era aquella señora seria y formal, que todos los días pasaba por delante de mi puerta, agarrando con firmeza un maletín de oficinista. Es decir, el teatro, el apasionante teatro, no tenía que ser tarea exclusiva de profesionales. Podía ser, perfectamente, obra de aficionados entusiastas.

Años después, cuando estábamos intentando desarrollar una labor de difusión y fomento del teatro en nuestra ciudad en colaboración con los colegios, y a pesar de la torpeza de los políticos, quisimos dar un paso más y ponernos en contacto con aquellas personas maravillosas, que habían sido el “alma mater” de la actividad teatral en el segundo tercio del siglo XX en Motril. Nuestra intención era darles las gracias por la impagable aportación que habían hecho a nuestra ciudad. También queríamos que los niños y jóvenes de nuestros talleres de teatro (algún día contaré la historia de esos talleres) pudieran conocer a estos motrileños ejemplares, y tal vez, llegar a participar juntos en alguna obra.

Carmela Torres había cambiado su trabajo en la Cofradía de Pescadores por el de “profesora de Hogar” en el “Instituto  de Bachillerato Julio Rodríguez” y, casualidades de la vida, Enrique Castro que era, a la sazón, primera figura del teatro local, trabajaba de conserje en el mismo, encargándose de concertar la emocionante cita, allí, en el “Julio Rodríguez”, que había sido escenario de acontecimientos y actividades teatrales en nuestra época.

Un saludo… una presentación… y le explicamos los motivos de nuestra entrevista. Luego hablamos y hablamos de teatro… y surgieron las preguntas obligadas…

 ¿Qué recuerdos guarda del teatro motrileño de aquellos años?

 Hacíamos tres o cuatro obras de teatro por año… Se llenaba el teatro… Se pagaban 50 pesetas por vernos. Mi hermano era extraordinario… siempre hacíamos papeles juntos. La gente le daba importancia, teníamos que representar tres días seguidos a veces. Recaudábamos 50.000 ptas. o 60.000 ptas. A la gente le gustaba vernos trabajar. Teníamos un cuadro artístico fantástico. Para mí fueron mis mejores años… El teatro me «chifla».

 Hábleme de ustedes, del grupo.

 Luis Rojas y Tolo trabajaban como parejas de cómicos. Traspuntes, mi hermano Miguel y A. Gallego. Julio Videras era el apuntador, y Frasquito Pinos. Se daban fines de fiesta después de las representaciones. Carbonell y Marcelino recitaban. Y algún cuadro folklórico y los coros de la sección femenina, flamenco, etc. Después vendría María Luisa Moyano y cantaban en los fines de fiesta ella y Fina Bueno.

¿Siempre actuaban en Motril?

 Fuimos a Molvízar a poner una obra de teatro: un tablero en plena plaza, unos palos para lo alto del escenario… Fue una experiencia nueva y enriquecedora.

 ¿Cómo le surge la afición teatral?

 Yo era tímida, mi hermano me dijo que fuera a los ensayos. Faltó un personaje y Videras me dijo “anda Carmela” y pasé a hacerlo. Como me aplaudieron, entonces me pregunté…. ¿será verdad que lo  hago bien?... Y Pepe Videras puso “¡Qué solo me dejas!, que hacía de tonta. Y Videras me dijo “es que sirves”. Un día, vino Tarsis Lacriado a ver los ensayos y quiso llevarnos a los dos hermanos… ¡y mi madre puso el grito en el cielo! Las críticas las hacía Gonzalo Hernández, y al leer las críticas se presentó en uno de los ensayos Tarsis Lacriado.  A partir de ahí, hice 100 obras como primera actriz.

 ¿Las recaudaciones, daban para algo más que para cubrir gastos?

 Parte del hospital antiguo lo hicimos nosotros con el teatro. Y el Centro Cultural Recreativo lo resurgimos. Alguna vez nos dimos algún festín, para eso lo hacíamos nosotros.

 ¿Dónde ensayabais?

 Ensayábamos en el Calderón. El Centro Cultural Recreativo estuvo en el Calderón durante algunos años.

 ¿Por qué desapareció?

 Mi hermano murió, Fina se casó, Carbonell no quiso seguir, y lo que pasa, uno a estudiar, etc.

La última obra fue de Pepe Soto (José Felipe Soto): “El Buscador de Ecos”. Vino algunos días a dirigirnos Martín Recuerda, aunque el director fue Miguelito García Herrera.

Los actores: María Victoria del Valle, Carbonell, Emilita y yo, entre otros.

 ¿Qué era el teatro para aquella juventud de tu época?

 Era una manera de expresión de ellos. Se adquiere una cultura, me parece que sí, y un medio de diversión, por los menos para mí. La juventud siempre ha sido la misma. Es un medio de difundir la cultura hacia otra gente.

Hoy, no se ve ni se lee teatro. Hoy se está perdiendo la obra de aquellos autores. Se va a la tragedia y no a lo cómico. Buscamos temas raros y no vamos a los temas actuales de la vida. El teatro está bastante raro. Yo sufro cuando veo teatro, porque no lo estoy haciendo, sobre todo cuando lo hacen mal.

Parece mentira tantas obras de autores extranjeros y que se olvidan los autores españoles, tan buenos como los tenemos.

 ¿Estarías dispuesta a colaborar con los jóvenes de ahora?

 Yo sí, lo malo es el tiempo. Yo podría enseñar lo que yo sé. Me gustaría reponer una obra de Soto.

Con estas palabras y el compromiso de volver a charlar, de visitar cualquier día de estos nuestros ensayos, y las reseñas de algunas de las obras que habían representado, nos despedimos. Yo creo que la hicimos feliz aquella mañana, como tantas veces ella nos hiciera feliz a los motrileños.

 “Los Sabios”

 Dirigida por Laureano. Actuaron: Antonio Rodríguez Torres, Pepe Soto, Marcelino Cuevas, Lola Arquero, María arquero, Pedro Lirola, Rodríguez Barbero, Diego Rodríguez Maldonado, Lolita Alcaraz, Carmen Brotón, Fernando Valdivieso… y más.

 “La Casa del Olvido”

Dirigida por Pepe Videras. Yo tenía sólo 12 años. Actuamos trece mujeres y tres hombres, Manolo González, Antonio Rodríguez y Fernando Valdivieso. Entre las mujeres: Matilde (señora de Pepe Videras), Virtudes Montes, Emilita Amate (señora de Fernando Valdivieso) y Pepita Pérez de la Torre.

 ¡Qué solo me dejas!

 Actuaron: Pablo Gómez, Antonio Rodríguez, Pepe “el Telefonista”, Diego Rodríguez, Pedro Lirola “El manso”, Pepe el de la librería “El Faro”, la mujer de Julio Videras, su hermana Conchi “Pitín” y yo, que, aunque tenía sólo 13 años, ya me daban los primeros papeles, ¡y eso que no hablaba!.

 “Mama Inés”

 Director: Pepe Videras. Fue muy criticada por la Iglesia, la interpretaron mal. Trataba de una criada que cometió un desliz y tuvo un hijo que lo cambiaría por otro de la señora. Yo hacía el papel de la “ama de llaves”. Fue muy aplaudida.

 

 Antonio Reyes

 

      

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Francisco Herrera 
González

Pintor del Guadalfeo y de 

las Alpujarras.

 

 

A veces, uno va por el mundo..., y por casualidad..., se cruza con una o unas personas por las cuales, sin saber por qué, se siente una admiración repentina. Eso me pasó a mí con este pintor acuarelista andaluz, del que aún sin haber tenido la oportunidad de conocerle bis a bis, he escuchado su voz, he visto su retrato y, sobre todo, he conocido su obra magnífica sobre los lienzos.

Francisco Herrera nace en Málaga el 16 de Septiembre de 1953, y por razones laborales fija su residencia en Almería en el año 1977.

Pintor vocacional, encuentra en la acuarela su medio preferido para expresarse en el campo de la pintura.

Artista de inicio autodidacta, cursa estudios de formación y perfeccionamiento con el maestro y pintor almeriense José Antonio Canteras Alonso.

Atraído por la inmensa belleza de los paisajes alpujarreños, ha realizado numerosas obras en las que ha logrado plasmar todo el encanto de estos parajes y aldeas, donde la paz y la quietud parecen haber parado el reloj, ahuyentando las prisas y bullicios estériles de las grandes urbes.

Miembro activo de la “Agrupación Almeriense de Acuarelistas”, ha participado con esta Agrupación en las llamadas “Visitas Pictóricas” a otras localidades, durante las cuales  han realizado exposiciones colectivas, así como actividades didácticas en colaboración con sus Ayuntamientos. Una actividad, esta última, muy enriquecedora socialmente, así como de gran valor cultural. Pocas cosas tan pedagógicas, artísticamente hablando, como salir en un fin de semana y encontrarte en el paseo de la localidad a un grupo de pintores montando sus caballetes.

Río Guadalfeo

 

 

Calle de Pampaneira

 

 

Calle de Capileira

 

 ULTIMAS EXPOSICIONES

Ayuntamiento de Málaga.

Casa de la Cultura “Gerald  Brenan" -  Churriana - Málaga.

Mayo de 2005

 

Unicaja  Almería – Sala de Exposiciones

Junio de 2007

 

I Exposición de la Agrupación Almeriense de Acuarelistas

El Parador - Roquetas de Mar - Almería

Abril de 2008

 

V Exposición de Hispacuarela

El Puerto de Santa María - Cádiz

Junio de 2008

 

Ayuntamiento de Roquetas de Mar,  Almería

Sala de Exposiciones del Faro

Septiembre de 2008

                                                          Bubión

 

  

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IES Frco. Javier de Burgos

CRÓNICA DE UN  ANIVERSARIO
(Antonio Reyes)

 

Corría el Curso 1968-69, hace cuarenta años, cuando inicia, exuberante,  su andadura educativa el IES Francisco Javier de Burgos. Los alumnos de Preu y los de 6º de bachiller preparan un  viaje de estudios todos juntos a Mallorca para la primavera. El Curso de Preu, con el fin de recaudar fondos, organiza una obra de teatro por sugerencia de la profesora de francés, Gala Santamaría. Ella misma nos proporciona el libro de Alfonso Sastre, autor de minorías que le seguían con lealtad, nos dice.

Años después comprendí por qué; cuando supe que Sastre, autor al que cogí cierta admiración que aún conservo, era por aquel entonces militante del PC en la clandestinidad. De entre todas, escogí la obra “Muerte en el Barrio” que narraba la historia de un médico sin vocación que se vio arrastrado al alcohol y finalmente a un desenlace dramático. Me tocó a mí elegir, porque no había nadie más dispuesto a leerse todas las obras para tal menester.  Recuerdo que pasé a máquina de escribir las copias para los ensayos. Entonces no había fotocopiadoras, así que había que poner papel de calco para sacar varias copias de una vez. Aún así, tuve que pasar dos veces la obra entera a máquina. Conforme iba golpeando las teclas, mentalmente iba repartiendo los papeles entre los alumnos actores. Recuerdo, que cuando acabé, ya estaba hecho el reparto. Como nadie sabía nada de la obra, ni tenía ninguna experiencia, todo el mundo aceptó de buen grado el personaje que yo le había asignado. A la hora de nombrar director, mis compañeros se decidieron por un alumno foráneo, familia de don Antonio Jódar, que había recalado ese año por Motril y dijo haber participado en una obra en cierta ocasión. Así que no niego mi decepción, ya que esperaba ser yo el elegido. Circunstancias de la vida hicieron que nuestro recién estrenado director, amén de no demostrar demasiadas iniciativas ni habilidades teatrales, tuvo que marcharse de Motril de la misma manera como había venido, es decir, de súbito, por lo que esta vez mis compañeros de PREU no tuvieron duda y por unanimidad depositaron en mí su confianza.  La obra se representó con éxito, aunque siendo un drama divirtió bastante a los espectadores, con  anécdotas que contaré en su momento. De aquella experiencia se quedó grabada en mi retina la presencia de un espectador que no paraba de aplaudir y que se acercó al final para saludarnos. Años después supe que se trataba de Miguel García Herrera, quién había dirigido algunas obras de teatro en Motril durante la década de los cincuenta.  Así, se inauguraba una nueva etapa en el teatro motrileño, en la que tuve el honor de participar dirigiendo numerosas obras en varias décadas. Y de esta manera, inicio la crónica de aquellos años teatreros y rabiosamente jóvenes y plenos de ilusión, con la  inocente intención de dejar constancia de aquella historia para la propia misma. Y ánimo también, lo confieso, de corregir, como protagonista privilegiado de ella, algunas erratas que he podido leer en algunos articulistas que, a pesar suyo,  no fueron bien informados. Actuaron en aquella obra: Carlos García Rodríguez, Julio Videras, Fernando Fernández de Córdoba, Juan Cobos, José A. García Suárez, Pepe Chávez, Lucía Blasco, Mariela López, Juan López, Laura Díaz Enríquez, Paco Pepe y un servidor, que amén de tener el honor de dirigirla, salía actuando en el prólogo y en el epílogo.

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DIEGO RODRÍGUEZ MALDONADO

 Propietario del “Bar Explanadas” en la década de los 60 en el Paseo de las Explanadas, actuó en numerosas obras de teatro a mediados del S. XX, montadas por el “Centro Cultural Recreativo” de Motril bajo la dirección de Pepe Videras.

 

Diego Rodríguez Maldonado nació a principios del s. XX, en el motrileño barrio de la Esparraguera, muy cerquita de la que fuera la casa de María Antonia Fernández “La Caramba”.

Dotado de inquietudes artísticas, desde pequeño, se sintió atraído por la música y por el teatro. Esta vocación no le abandonaría a lo largo de su vida, y a mediados de siglo lo vemos participando en “rondallas” y actuando en numerosas obras de teatro organizadas por el Centro Cultural Recreativo de Motril, bajo la dirección de Pepe Videras.

 

Yo le conocía “de vista”. En mis añorados paseos de ardorosa juventud por aquellas Explanadas de tierra, arena fina y bancos de granito gris, no había podido menos que fijarme en la pareja de Diego y su esposa … por el cariño y la ternura con que jugaban y transitaban  cogiendo de la mano a su “hijo del buen amor” como inmortalizó Mercedes Garbó a los hijos que padecen algún tipo de disminución.

Algunos años después, tuve la oportunidad de conocerle personalmente. Fue a principios de los 80, recuerdo que en el grupo de teatro “la Zoca” necesitábamos una obra, algo que fuese cómico y espectacular, para las fiestas de agosto. Alguien dijo:

-“…mi abuelo tiene un baúl lleno de obras de teatro” (era Diego Martín Rodríguez, motrileño polifacético).

- “¿Tu abuelo?”, (respondí yo), “¿A tu abuelo le gusta el teatro?”.

-” ¡Que si le gusta!”, (dijo), “Hace muchos años fue actor aficionado, como nosotros, aquí en Motril, y ha leído y guardado cientos de obras de teatro”.

Sin perder un minuto nos pusimos en camino hacia su casa. En el trayecto, yo tenía el presentimiento de que íbamos a encontrar lo que necesitábamos. Había en mí una emoción difícil de describir, iba a hablar con una persona de setenta y ocho años, que sentía por el teatro el mismo respeto que nosotros. Me sentía arropado y al mismo tiempo agradecido hacia a aquella persona. No, no era una “locura” ni una “sandez” de un  puñado de jóvenes (como pensaban algunos padres de entonces); el teatro había sido siempre un factor importante de la cultura de nuestro pueblo de Motril, exis-tía una tradición y una continuidad. Me acordé de las palabras de Enrique Cobo: “…en Motril llegaron a existir seis grupos de teatro al mismo tiempo”. Me acordé también del Teatro Calderón.

Llegamos a la casa. Suena el timbre. Alguien abre la puerta. - “… ¡Tita Marilú, que venimos a ver si entre las obras de teatro del abuelo encontramos algo para el grupo!” (dijo Diego). Una voz amable respondió: -“…pasad, ahí está el abuelo, a lo mejor él os puede orientar un poco, pero su memoria no es la de antes, tendréis que buscar vosotros.” -¡Ya quedan menos obras (dijo la tita Angelina), en los pisos no se pueden guardar indefinidamente todas las cosas!, poco a poco tuvimos que ir tirando las que estaban más viejas”.

Pasamos. Diego Martín nos presentó a su abuelo. Íbamos con él, Rosa Estévez y yo. Increíblemente amable (como los hombres cultos del pueblo y los  buenos aficionados al teatro) quiso levantar sus setenta y ocho años de la silla para darnos la mano.

-No, por favor (no le dejamos). Hablamos un rato.

-No me acuerdo de mucho (nos advirtió).

-¿Una obra de la que guarde usted un especial recuerdo? (Pregunté)

-Cobardías (respondió), de Linares Rivas, en el año 45.

 -¡Quién la dirigió?

-Pepe Videras.

-Pepe Videras, ¿dirigió muchas obras en aquellos años?

-Sí, casi todas las dirigía él.

-Seguro que tendrá usted muchas anécdotas de aquella época.

-Sí, recuerdo en «La Pasión», Julico Matías, hizo dos papeles, y llevaba la ropa debajo del brazo, o uno que hizo de Pilatos y salió con la palangana debajo del «sobaco». ( Nos reímos a gusto unos segundos).

-¡Cuántas cosas interesantes!

-Si (me respondió), recuerdo que teníamos una rondalla y que todo lo organizábamos en el Centro Cultural Recreativo.

-Los demás actores de su época, ¿son también personas muy conocidas en Motril?

-Si, Francisco Carbonell, Antonio Sánchez «el Pisao», Carmela Rodríguez Torres, Marsilio, María Sánchez, Julio Videras y su esposa que salió el noviazgo de ahí. (Otra vez, me salió una sonrisa, y me acordé de Juan López y de Laura Díaz, en una obra de Alfonso Sastre, allá por 1969, en el Instituto F.J. de Burgos; y de cuando conocí a mi esposa Inma en una obra de Jordi Teixidor “El Retablo del Flaustista”, en 1973. Año de clandestinidad política)

-Podéis coger las obras que queráis (nos aconsejó).

Recuerdo que nos sacaron más de cien obras. Al tiempo, habíamos encontrado lo que nos hacía falta, La obra elegida fue “Los Habitantes de la casa deshabitada” de Enrique Jardiel Poncela. Tenía todo lo necesario para ser representada en unas fiestas de agosto.

Una cerveza, unas aceitunas, y a poco que insistió nos llevamos más de sesenta obras para “ojearlas con calma”. La hospitalidad y la cortesía andaluza no era un tópico una vez más; era una realidad. Qué impresión, ¡Dios mío!, una familia entera, con tres generaciones, para la que el teatro no era una “pérdida de tiempo”. Era posible, lo que tantas veces había soñado, era posible: la colaboración de personas de distintas edades en una actividad cultural. Había que seguir aguantando pues, a pesar de las dificultades y de la marginación de los organismos públicos. Ya se valorará la importancia del teatro, de la poesía y de las actividades culturales en general en la educación y en el ocio que enriquece.

Mientras volvíamos celebrándolo, una idea retintineaba en mi cerebro: dejar huella impresa de la experiencia de aquella tarde-noche y de sus sensaciones, y del esfuerzo de quien como Diego Rodríguez había dedicado parte de su tiempo y de su vida a la actividad cultural de su pueblo. Y para que se haga justicia así, y su nombre no sea olvidado, sirviendo de ejemplo y de estímulo a las posteriores generaciones. Porque la historia auténtica, la “intrahistoria”, la han escrito siempre gentes modestas y entusiastas, que lo dieron todo, ¡todo!, a cambio de la satisfacción de darlo.

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  JOSÉ BAENA TERRÓN

RESEÑA ARTÍSTICA:

José Baena Terrón, motrileño. Muy pronto, supo que lo suyo era pintar, creando obras de arte sobre lienzos vírgenes. Comerciante de profesión, y artista en sus horas libres. Su estudio de la “Plaza Javier de Burgos”, ha sido durante décadas, estudio de pintor, tertulia literaria, taller de teatro, ámbito de encuentro de artistas y hasta improvisado taller de grabación, donde grupos de teatro confeccionaban las maquetas musicales para sus representaciones

Su obra es muy prolífica, habiendo realizado varias exposiciones en nuestra ciudad, la última el 19 de mayo de 2008. BAENA personifica la independencia en el terreno artístico, al margen de modas y convencionalismos. Su estilo es personal e inimitable, ya que sus obras son puras creaciones conceptuales que no necesitan de modelos en la realidad. Tras una época de clara influencia marítima plena de cuevas y espacios que tienden hacia el infinito, o al más allá inquietante, y a veces hasta tenebrista, inicia una etapa más dulce, floral y lúdica. Actualmente, parece haber llegado al final de su búsqueda, con personajes que son mera creación de su genio artístico.

 ENTREVISTA:

En seguida nos sentimos cómodos en un ambiente de confianza no exento de extrañamiento, como es propio en la “guarida de un artista”. Pepe, en su conversación, es ameno y descriptivo, pleno de anécdotas propias de una vida artística intensa. Hablamos, hablamos, y de pronto, la primera pregunta. 

¿Has sentido tú tambié esa angustia, ese dolor, que decía Camilo José Cela, cuando estás creando una obra?

Se pasa mal. En cierta ocasión, en una tertulia alguien dijo que se divertía pintando. Pepe Sánchez, que estaba allí, le respondió: “Yo lo paso mal”. Y  le dije: “yo también lo paso muy mal porque hay un momento…”. Es que es una exaltación, porque hay un momento en que lo pasas muy mal, porque cuando ves que está la obra nada más que abocetada… que está que necesita algo para… Después, cuando vas viendo que la obra va saliendo, pues sí, te da un gozo, pero se sufre lo suyo. Es que es una pelea, la creación es una pelea con la inspiración…, con la técnica…

¿Tú crees que el artista es una persona distinta a todos?

Mira (Se anima), yo creo que todos somos iguales. Tal vez el artista esté más ensimismado, aunque todos tratamos en nuestras profesiones de transmitir algo, tal vez el artista necesita transmitirse a sí mismo sensaciones.

Y transmitirlas a los demás, ¿no?

Lo que pasa… la diferencia que puede haber es que los que nos dedicamos al arte somos… más libres para expresarnos. Un banquero, por ejemplo, tiene que ser siempre perfecto y convencional en su forma de expresarse. Yo he dicho todas las tonterías que me ha dado la gana toda mi vida. Algunos amigos me decían de joven: “estás loco perdío”. Y ahora (sale ese Pepe Baena irónico consigo mismo), esos mismos amigos me dicen que siempre he sido muy sensato. “¡Digo!, a la vejez, me vais a decir que soy sensato”. Yo creo que existe algo (se pone serio) que te da esa libertad de expresión, quizás…, porque vas buscando… Yo ahora estoy escribiendo un libro, “Buscando a Ulises”.

Eso… es toda una primicia.

Eso…, (vuelve su típico autosarcasmo) no habrá quien lo aguante. Digamos que es buscar el héroe que hay en ti o el personaje que hay en ti. Entonces, qué mejor que decir que vamos en la búsqueda de un personaje así, como Ulises. Que si  analizamos la historia… va de tragedia en tragedia.

¿Esa búsqueda va igual a través de la pintura?

Todo. Es que las búsquedas, es de lo que tú eres capaz de realizar.

¿Tú necesitabas completarte como artista?

A mí siempre me ha gustado mucho escribir… Es que son dos cosas que van muy parejas… Lo que yo siento es no saber música, porque me gustaría escribir canciones. Yo siempre voy cantando...

¿Y el teatro? A ti el teatro te ha gustado siempre.

¡Hombre!,  también. El teatro está en la vida… y en una tienda… y… (a su retina acuden sus recuerdos de tendero).

Aquí, en tu estudio, siempre ha habido artistas de todo tipo, actores, poetas…

Si, el casinillo…

¿Un artista necesita rodearse de otros artistas?

A mí me enriquece mucho… los amigos que estamos… como Emilio (se refiere a Emilio Lupiáñez, poeta) y todos los demás (señala a Joaquín Pérez Prados que se encuentra a mi izquierda).

 ¿Hay algún cuadro que siempre quisiste pintar y aún no has podido hacerlo?

 (Se va por otro lado) Hombre, algunos me han salido... Uno…, piensa…, en este he conseguido lo que quiero… Nunca se consigue lo que se quiere. (Le cambia la expresión y el tono de voz) Te voy a contar una anécdota de un pintor. Me dice un día: - ¿Qué, cómo va la pintura? Había estado yo tantas horas pintando un cuadro, que estaba mareado y veía el cuadro que se movía. Y le digo: -Mira, he conseguido lo que siempre quise conseguir, que las figuras se muevan, que me hablen. Y el tío se retiró, me miró y no me dijo nada (nos reímos).

¿Para ti la pintura actual es un arte incomprendido?

 Eso es un problema para el que no lo comprenda, ¿no?  Digo yo. Claro que, tenías que haber visto la exposición del Coliseo, es de vergüenza… ¿Y lo que han hecho en frente de la Farmacia de Moyano?, que pasa una mujer y dice: -¡Hay que ver lo que han hecho aquí los gamberros! ...

(Cambiando de tema). ¿Qué influencia puede tener el Mediterráneo en tus obras?

Yo no había pensado en ello, hasta que un día Lea, aquella extranjera que vivía en Torrenueva que era muy bailarina (descriptivo, como siempre, lo que se refleja en su pintura), viendo mi obra sacó ella la influencia marinera. Entonces hacía yo las cosas más subrealistas, y hasta la música que escuchaba. En aquel tiempo ponía mucho a Debussi y Stravinsky. -¿Sabes que eres un poco bruja?, le dije. (Se pone serio) Hombre, influencia tengo que tener, las grutas que pintaba y todo lo que las rodeaba es muy “joyero”. Las playas, las rocas…, esa influencia está viva en eso. Y después la música, la música es algo que influye yo creo que en todo.

Bueno, no me has respondido a una pregunta. Me gustaría saber es si hay un cuadro en tu mente que no has empezado a pintar.

 Siempre.

 Uno, que tú lo sientes.

Yo ideas tengo muchas, tengo de más. Y lo que me dificulta a la hora de pintar un cuadro es que para mí un lienzo es un escenario vacío y lo voy llenando… Mira aquel cuadro que tienes allí, no te puedes figurar la metamorfosis del cuadro (muestra algunas fotos-bocetos de cómo empezó, cómo continuó y cómo terminó). Y ¿sabes su título?, “Esperando a Mozart para cenar”.

¿Te cotizas muy alto?

No, ¡qué va! ..

¿Te sigue emocionando comenzar un cuadro, como imagino te ocurrió la primera vez?

(Dando un rodeo) Ten en cuenta que cuando uno es joven… Una vez, escuchando a Rigoletto me quedé traspuesto y yo canté Rigoletto, me sentía en el escenario. Entonces, cuando eres mayor estás ya tan hecho a emociones y… como dicen… a amor y desamor que ya las cosas las ves de distinta forma… Yo creo que cuando eres joven, la juventud, ese fulgor que se tiene cuando eres joven… Ves…, me gustaría describir todas esas cosas en el libro que estoy escribiendo.

Cuando esté escrito, me tienes que dar la primicia.

(Irónico) la primicia… es que perdías la amistad conmigo. En un libro, tu eres libre para poner lo quieras. Es lo mismo que cuando pintas. Si estás pintando y estás diciendo, ¿le gustará esto a la gente? Entonces te pierdes. Puede que le guste a la gente, pero…

Pepe, tú eres un pintor de estudio.  No eres de coger el caballete y ponerte a pintar en un puente.

Nada, nada. Pepe Melero y  yo nos íbamos, cuando éramos jovencillos, a la playa, al campo, y él se hacía unas acuarelas y yo llegaba… y nada. Yo no soy un pintor de modelos, ni humanos, ni físicos. Lo mío es la creación pura y simple. Lo que hay en mis cuadros no  había existido antes de plasmarlo yo en el lienzo. No  es una copia ni un reflejo siquiera de ninguna realidad física. (Me muestra un párrafo de su próximo libro que hace referencia a lo que hablamos: “Mi creación es el reflejo de cuantas sensaciones va deparando cada tela, a veces, flameando como una llama, y otras, adentrándose en las regiones inexploradas de los sueños).

¿Qué te impulsa a crear un cuadro… y otro cuadro…

Es algo que… no sabría decirte… Mira, en una ocasión estuve más de dos años sin coger un pincel. Me ponía delante de un lienzo… y nada… era incapaz de pintar… Y de pronto, un día, puse un disco de Stravinsky, y sin darme cuenta estaba pintando, y me pasé horas y horas sin dejar de pintar… Y hasta hoy.

Una última cosa, Pepe. ¿El arte puede ser racionalizado, analítico?

El artista tiene que abrir su pecho y sacar todos los fantasmas y miserias que hay en él. Cerrar los ojos y dejarse ir. Si lo analizas… ¡Ja!…

                                                                       Antonio Reyes    (enero de 2009)

 

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PRESENTACION DE UN LIBRO OBJETO POCO COMUN

 

El viernes 19 de Diciembre de 2008 todas las previsiones de asistencia se quedaron cortas y, desde antes de la hora fijada para el inicio, un aluvión de gentes fue llegando a la Azucarera del Guadalfeo (Nuestra Señora del Rosario), sita en La Caleta; no para ocupar sus puestos de trabajo sino para asistir al acto de presentación del libro objeto: "Azúcar. El paisaje de la imaginación. Música para una despedida".

Y a medida que los asistentes penetraban en el recinto fabril iban descubriendo, gratamente sorprendidos, un escenario radicalmente diferente al tipificado para este tipo de acontecimientos.

La amplísima sala de máquinas se hallaba tal como quedó tras su última molienda en el año 2006. Escaleras de peldaños metálicos, pasadizos oscuros, altos pasillos, tuberías, cableado, tachas, calderas, enormes ruedas dentadas que en su día machacaron toneladas de cañas para extraerle su dulce jugo. Todo ello a media luz, como la letra de la canción, iluminado por numerosas velitas colocadas en distintos puntos, que le comunicaban un toque solemne.

En un lienzo de blanca pared se hallaban expuestos y ampliados textos y grabados del volumen.

Pocas veces la preparación y presentación de un libro se ha cocinado tan a fuego lento, pocas veces ha tenido unos prolegómenos tan dilatados para que todo estuviera a punto, para que los detalles encajasen cual complejo puzzle. De esos previos nos podría hablar con fundamento y autoridad su autor-promotor: Colin.

La noche era joven y prometía.

Desde una pequeña tribuna abrió el acto Eduardo Cruz, director de Radio Salobreña, que glosó de forma magnífica y brillante el contenido del libro. Sus palabras necesariamente tenían que hacer mención al final de una época en la comarca en sus dos vertientes: agrícola e industrial. Y a los muchos secretos y virtudes que guardaba el volumen.

El propio periodista, cedió la palabra a Colin que se sinceró con el auditorio, comunicándole las dificultades de todo tipo halladas en la realización del proyecto y agradeció la colaboración de numerosas personas y entidades.

La intervención de José Lupiáñez con la lectura del prólogo tuvo un momento doblemente emotivo al recordar la figura, recientemente fallecida, del poeta y amigo, vinculado a La Caleta, Juan J. León.

Desde el micrófono se elogió la figura de Darío Portillo, autor de distintos grabados. Y se dio paso a unas palabras del director de la fábrica, Sr. Martín.

La noche seguía siendo joven y prometía.

Aún restaban dos horas largas en las que tuvieron cabida la lectura de los textos contenidos en tan singular volumen, en el que si uno se interna puede hallar cualquier sorpresa.

Por el escenario fabril fueron pasando sucesivamente las figuras, las voces y los textos -versos, prosas, tangos- de Milena Casanova, José Lupiáñez, Mariano Navas Bascuñana, Marian Sanz de Acedo y Joaquín Pérez Prados.

Intercalada entre dichos autores sonó, magnífica, solemne, la guitarra de José Fajardo. Se elevó la voz flamenca de Antonio Rabanedas ascendiendo hasta la altísima techumbre de la nave. E intervino el grupo musical de la Escuela de Arte Centar, con la presencia del acordeón de nuestro querido Angel Pacheco, interpretando varias composiciones muy acertadas.

¿Faltaba alguien por subir al escenario?

Pues sí, aún estaba por dejarse oír la hermosa voz de una joven interpretando un tema de Los Beatles, que transportó al auditorio a décadas pasadas.

A estas alturas la noche iba dejando de ser joven.

Y como el frío de la altísima nave cundía, pese a las estufas colocadas a propósito para mitigarlo, al público se le obsequió con un piscolabis y vasito de ron de caña, previo ritual de un cuenco que arde y las llamas se elevan y alzan como por arte de prestidigitación. Este cronista, que se mojó los labios en el licor, puede dar testimonio de que el ron calentito, aderezado con su rajita de caña, estaba dulcemente soberbio.

La noche definitivamente dejaba de ser joven y los asistentes empezaban a abandonar la sala de máquinas en la que, sin excesivo esfuerzo de imaginación, podía imaginarse a los operarios manipulando el caldo dulce extraído de la caña. Por unas horas se había hecho presente todo un mundo de recuerdos.

A la una de la madrugada cuando los últimos rezagados abandonan las instalaciones, la enorme plaza de las cañas, cual fortín decimonónico, resplandece bajo las frías estrellas. En el lateral sur, al otro lado de los muros, nada hace intuir la vecindad del mar que se agita y canta su solitaria canción.

              

                                     Joaquín Pérez Prados

                                                                                                                      Diciembre 2008

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Motril: oculto manantial de letras

                  

 

 

                 Joaquín Pérez Prados

                                              

 

Calificar a Motril de ciudad literaria parece, cuando menos, un desafuero. Así puede resultar a primera vista, si no se posee la dosis de curiosidad necesaria para bucear bajo su epidermis.

Pero dejemos a un lado viejos prejuicios y viajemos por los intersticios de la memoria a la búsqueda de argumentos que avalen nuestra tesis inicial.
Veamos.

El Tranco: ¿Quién podría asegurar que no se hacía literatura en el breve recinto del Tranco? ¿Lo recuerdan ustedes? Aquel pequeño local que más parecía taller de zapatero en la pendiente de la calle Canteras. Se trataba de un localito recoleto, íntimo, donde uno entraba y enseguida se sentía reconfortado por la mirada de Miguel desde detrás de la barra.

¿Quién podría asegurar, así mismo, que no se hacía literatura oral en las tabernas de la calle Las Cañas? Cuando los hombres regresaban de sus faenas agrícolas y se situaban frente a un vaso de vino. Literatura de lo cotidiano. Literatura del sudor, del surco, del arado, del guano y el estiercol, del almocafre y la azada.

¿Y las demás tabernas de Motril? Tiempo atrás en ellas podía leerse, entre la mugre de las paredes y los antiguos carteles de toros, aquel letrero infame:
"Se prohibe el cante".

¿Por qué prohibirían el cante en las tabernas andaluzas? ¿Era acaso por la mala voz de los cantaores, o por la mala uva del gobernador civil?

Paralelo a la calle de Las Cañas existe un callejón: El Callejón de las Flores, donde vivió un poeta casi anónimo, enamorado del oficio de componer versos. Un bardo que asía la vida con tanta pasión, que un día se le escurrió de entre los dedos. En el callejón resta sólo su recuerdo, -un rostro de arcilla adosado a la tapia de cal, unos versos- y una flor que cierta mano compasiva renueva cada poco tiempo.

¿Y el Teatro Calderón? ¿No atesora en sus tablas innumerables noches de estreno? Escenas donde afloran a los labios de los actores los más delicados y vibrantes diálogos. ¿No ha disfrutado el público que abarrotaba palcos y plateas, estallando en sonoros aplausos en noches de gloria ante estrenos como el de la antigua zarzuela: "¡Viva mi Pueblo!"?

Siguiendo la línea de costa hacia el poniente, cruzamos el cauce seco del río Guadalfeo hasta el Monte de los Almendros. Allí, en una casita con terraza abierta al mar, vivían J. Martín Recuerda y Ángel Cobo. Y la literatura florecía en los balcones como "Las secas cañas del camino".

Literatura descubro en las casas de mis amigos poetas y narradores. Puede decirse que cada centímetro cuadrado de sus paredes se reviste de hojarasca literaria que amarillea en los otoños. Los libros colocados sobre los anaqueles palpitan atentos a la mano cómplice, amiga, que los elige acariciando sus páginas bajo la luz tamizada de una lámpara.

Si arañamos un poco bajo la epidermis de esta ciudad enseguida encontramos el magma candente de nuestros antepasados literarios: Francisco Javier de Burgos, Ortiz del Barco, Juan de Ariza, Gaspar Esteva Ravassa, Paco Pérez... Nos imaginamos a esos ciudadanos caminando por la calle catalanes apacentando su halo de literatos y un bloc bajo el brazo para atrapar la inspiración que podía producirse en cualquier momento.

En el Faro Sacratif, allá por el medio siglo, se organizaban veladas literarias. Acudían a ellas la flor y nata de la intelectualidad local más otras personalidades que veraneaban en la zona. Entonces no existía el túnel y la carretera se ceñía al monte, enroscada cual serpiente a la roca viva, por lo que viajar en tartana desde Torrenueva a Calahonda era toda una aventura.

En aquella plazoleta colgada sobre el mar -proa de navío, osado mascarón hendiendo el mare nostrum-, se desgranaban versos cual perlas bajo la luna, cuyo reflejo marino venía a morir en olitas breves sobre la arena.

La noche destilaba el néctar literario en las copas de los invitados. Las damas adoptaban poses afectadas. Servían canapés y galletitas saladas, mientras el levante iba deshaciendo sus peinados laboriosamente esculpidos, y los vates loaban con sus rimas ampulosas las bonanzas y dulzuras de esta tierra.

Cuando se hace recuento de lugares y personas uno teme siempre que alguien quede relegado al olvido. Sean estas líneas homenaje a los olvidados de todas las épocas. También dedicadas a los autores anónimos que nunca tuvieron un momento de protagonismo, para los silenciados, represaliados, vilipendiados, exiliados, depurados y caídos en desgracia pese a sus méritos.

 

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO OBJETO  

«EL PAISAJE DE LA IMAGINACIÓN

MÚSICA PARA UNA DESPEDIDA»

VIERNES, DÍA 19:

AUTOR Y EDITOR: COLIN
POEMA - PRÓLOGO: JOSÉ LUPIÁÑEZ
COLABORADORES:
DARÍO PORTILLO, MILENA CASANOVA, MARIANO
NAVAS BASCUÑANA, JOAQUÍN PÉREZ PRADOS Y
JOSÉ LUPIÁÑEZ

 

 La finalidad de este Libro-Objeto no ha sido otra que perpetuar la última Azucarera Europea a través de un soporte nada tradicional (libro-objeto o caja de sensaciones) que en su definición viene a ser una obra creativa que quiere cumplir una de las
máximas del arte total: Integrar todas las artes posibles en la búsqueda de un lenguaje universal, mágica y comprensible para cualquier lector, de cualquier cultura y en cualquier lugar del mundo (Estampaciones, Caligrafías, dibujos, fotografía,
música...).

Es una edición seriada, limitada, numerada y firmada por los autores.

              (Estampación sobre la 
         Fábrica Ntra. Sra. del Rosario)

ONTENIDO DEL ACTO:
- Exposición de una muestra ampliada de las estampaciones, textos y fotografías.
(A partir del día 21 de Diciembre quedará expuesta en el Pub Studio J.A. Salobreña).
- Los colaboradores nos ofrecerán una pequeña alocución de sus obras.

ACTUACIONES:
- FLAMENCO: Al cante ANTONIO RABANEDAS, acompañado a la Guitarra por JOSÉ FAJARDO
- ESCUELA DE ARTE CENTAR
- Presenta el acto: EDUARDO CRUZ (Periodista y Director de Radio Salobreña)

Durante la velada sonará el disco integrado en el Libro-Objeto «Música para una despedida» (Miles Davis, Keith Jarret, Penguin Café Orchestra, Vicente Amigo etc.).

Se proyectará el contenido del libro y para finalizar se ofrecerá una degustación de Ron Pálido.

Lugar: AZUCARERA DEL GUADALFEO Sala de Máquinas. La Caleta (Salobreña)
A las 21:00 horas

Más información del contenido del Libro-Objeto
 www.colinteriorismo.com

 

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